lunes, 14 de octubre de 2013

Sebastián Sánchez Castillo: "La TV es una institución pública, capaz de vertebrar sociedades más justas y democráticas"

El Dr. Sebastián Sánchez Castillo, docente de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Valencia (España) explica por qué la TV sigue siendo un referente cultural y de entretenimiento de masas. En tiempos de consumo multipantalla y usuarios más participativos, Sánchez Castillo postula que la institución televisiva debe estar reglada "bajo criterios de consenso político y de servicio público". El rol de las asociaciones de teleespectadores y de los observatorios de medios.

Por: Carolina Roncarolo

¿De qué modo la nueva oferta de contenidos, soportes y alternativas de participación que ofrece Internet ha modificado los hábitos de consumo del público?

Lo primero que Internet ha producido en la gestión televisiva es la desaparición definitiva de las parrillas fijas de programación. Las televisiones convencionales tienen que creer que habrá un cambio inminente en los hábitos de consumo televisivo. Los espectadores van a dejar de consumir televisión vinculada a una estructura temporal, provocando que la audiencia generalista en abierto pueda caer el 20% o el 30%. 

Mientras que en la televisión, en la prensa o en la radio el colectivo de espectadores está atento a una misma oferta, en Internet domina la lógica de la demanda: el colectivo de internautas ve lo que quiere y cuando quiere. Aunque sin olvidar lo que señalaba Wolton en Elogio del gran público: una teoría crítica de la televisión (1992), “Internet es una herramienta espléndida, pero fomenta lo que llama la soledad interactiva”.

Ocurrirá con Internet lo mismo que pasó con el nacimiento de la televisión, al desterrar los peores augurios que anunciaban la desaparición de la radio y del teatro. Las tecnologías se acumulan, compiten, pero no se destruyen entre sí, tal es la necesidad de comunicación del Hombre. La comunicación humana es compleja y es un error pensar que sólo la técnica ayudará a mejorarla. No es verdad. Creamos nuevas técnicas y nacen nuevas frustraciones sobre nuestras expectativas de comunicación. 

En este contexto de cambio tecnológico, ¿qué hay de nuevo y qué permanece constante en el vínculo que las audiencias tienen con la televisión? 

La revolución tecnológica ha hecho emerger una nueva cultura, generando contenidos audiovisuales específicos, formas nuevas de comunicación y un nuevo espacio cultural "desterritorializado": la red. La mentalidad del televidente de la Web 2.0, es decir, el modelo en red y multiplataforma, le lleva a exigir que sus contenidos se desplacen con él y sean accesibles en cualquier dispositivo. Dichos contenidos son demandados bajo la necesidad personal de disfrutarlos cuando y donde se desee. La libertad de elección de contenidos es únicamente comparable con la libertad de lectura de los mismos.

La convergencia de los medios ha venido para quedarse y, aunque está siendo implantada con menos celeridad de la esperada, las nuevas generaciones seguirán disfrutando de los contenidos audiovisuales televisivos, con un nuevo alfabetismo basado en formatos multimedia para generar espacios basados en un conocimiento que no se ha explorado todavía. Este cambio de paradigma es necesario observarlo desde el prisma de la integración, donde se posibilita la creación de usuarios más participativos, contenidos más abundantes y personales, así como una mayor capacidad de decisión. En definitiva, una comunicación social más democrática.



No obstante, la televisión generalista y en abierto sigue siendo un referente cultural y de entretenimiento de masas. Las nuevas propuestas multipantalla y los relatos híbridos no han desplazado la pantalla familiar, a la vez que se han alejado las viejas concepciones apocalípticas. La pantalla es parte de la familia al ofrecer una ventana abierta al conocimiento, el entretenimiento y a la información.

El televisor ocupa un lugar privilegiado en el entorno familiar, un espacio de reunión y comunión. Se sigue aceptando de forma equivocada que lo que dice la televisión no se discute, siempre posee la razón y articula los tiempos de relación familiar.

El televidente del siglo XXI no difiere mucho de la última década, al concebir el medio televisivo como un relato adoctrinador. La televisión es fácil, barata y muy entretenida. Ideal, para los referentes sociales y evidentemente para los políticos.

En su tesis doctoral (Desarrollo de contenidos digitales en la difusión audiovisual del patrimonio histórico - artístico valenciano, 2009), Ud. define a la TV como una “institución pública”, responsable de “proyectar valores simbólicos y culturales”. ¿Cómo recibe el público esta “proyección de valores” y qué hace con ella?

La actual televisión generalista y en abierto mantiene su hegemonía en la creación de la opinión de masas. Su presencia justa y ordenada produce una proyección del país donde se desarrolla, de sus actividades y de su contexto histórico, político, social y económico. La programación debe estar sujeta a estos valores irrenunciables; los de propiciar espacios de debate, facilitar la crítica social y dar sustento a las culturas y sectores minoritarios más vulnerables. En definitiva, el público debe percibir la televisión como una plataforma de divulgación para sus creaciones y opiniones.

La televisión puede incitar a la reflexión y al pensamiento si se hace un buen uso del medio. Desde la cultura se le pide a la televisión que haga un servicio cultural, pero lo cierto es que no se considera al propio medio como un elemento cultural. Los agentes culturales están más preocupados por mantener altas cuotas de pantalla que por denunciar los efectos desculturizadores de algunas formas de televisión actual.

La problemática no reside tanto en la recepción como en la gestión. La institución televisiva debe estar reglada bajo criterios de consenso político y de servicio público, no descartando otras fórmulas de negocio.


En cuanto a los realizadores audiovisuales, ¿cree que son capaces de establecer un vínculo con el público, que les permita identificar y capitalizar sus inquietudes?

Los realizadores de TV son los responsables encargados de asegurar la continuidad del relato audiovisual. De entre la realidad que nos rodea, estos profesionales seleccionan el encuadre, el punto de vista y la coherencia de la imagen con el sonido. Esto les capacita para crear una relación directa con las necesidades del público.

Deben conocer cuáles son las inquietudes del gran público y ser capaces ofrecer calidad y persuadir con estrategias visuales más o menos conocidas y eficaces.

No sólo se trata de que el realizador conozca las técnicas de edición y de puesta en escena; es necesario que tenga la sensibilidad necesaria para acercarse a las distintas propuestas audiovisuales que mutan actualmente a una velocidad de vértigo. Debe ser capaz de ofrecer fórmulas narrativas que puedan satisfacer a todos los públicos, dentro de un contexto de respeto y de igualdad social.

¿Considera que hoy existe voluntad de asociación, expresión y participación por parte de los telespectadores? ¿Qué casos concretos podría ejemplificar al respecto?

El conocimiento social que sobre la televisión se tiene es cada vez mayor, al entender la gran capacidad socializadora y cultural que este medio tiene para vertebrar unas sociedades más justas y democráticas. Al aceptar que la televisión, como actor activo, forma parte indiscutible de una sociedad, han ido surgiendo mecanismos de control de sus contenidos para salvaguardar los derechos inherentes de los espectadores.

Las asociaciones de telespectadores nacen con la función de fiscalizar los contenidos audiovisuales bajo los siguientes criterios:

  • Necesidad de unos medios de calidad
  • La televisión como “educadora” de la infancia
  • Contenidos respetuosos, en especial con la protección al menor, la integridad física y moral, la diversidad y el respeto a la dignidad humana
  • Los padres y educadores deben ser responsables de transmitir una actitud crítica con la audiencia infantil y juvenil
  • Propuesta para una clasificación de contenidos audiovisuales por edades homogénea e independiente
  • El espacio audiovisual debe ser una creación activa de la participación ciudadana
En España existen en la actualidad numerosas agrupaciones de telespectadores, conscientes del derecho que los ciudadanos y usuarios de la televisión tienen de influir y modificar los contenidos audiovisuales.

También se destacan los observatorios de medios, instituciones que realizan análisis exhaustivos sobre la calidad de los contenidos televisivos en abierto, e informan sobre su impacto, por ejemplo, en la infancia. En mi opinión, constituyen una potente herramienta para teorizar sobre los contenidos televisivos e intentar orientar las decisiones gubernamentales sobre la cuestión.

En definitiva, estas iniciativas se basan en la creencia que una sociedad no es libre si no está bien informada.

Asociación de Usuarios de Medios Audiovisuales en Argentina. Entrevista completa al Dr. Sebastián Sánchez (Univ. de Valencia) 

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