domingo, 25 de diciembre de 2016

Un año para el debate y balance


Por Gabriela Fabbro.


Se acaba el 2016 y los argentinos nuevamente asistimos a un año televisivo muy particular. Cada vez más atravesado por las tecnologías e Internet, el contenido de la pantalla local sigue en la exploración de sus nuevos rumbos.

Un año en que las latas le ganaron a los programas locales, ni Showmatch ni partidos de la selección nacional pudieron con Moisés y los diez mandamientos, que superó los 20 puntos de rating más de una vez y que Tinelli logró pocas veces a lo largo del año. Hasta hubo días en que el reality de baile y polémicas, perdió con Educando a Nina, la ficción que este año ofreció Telefé por las noches. Repeticiones como la de Casados con hijos se impusieron a contenidos nuevos como la adaptación de Loco por vos que también Telefé ofreció en su pantalla. 

Un canal como Telefé que cambia de dueño (fue comprado por Viacom recientemente), ganó el rating en general con enlatados como el ya citado Moisés o ¿Qué culpa tiene Fatmagül?, América que se mantuvo en el tercer puesto con toda su programación en vivo, con un Canal 9 que intentó renovarse con pocas nuevas ofertas que no lograron imponerse (Mejor de noche, El show del problema) y con "nuevas temporadas" de programas autorreferenciales como Bendita TV o Implacables; así transitó el año la oferta local. 

El Trece se sostuvo con latas extranjeras (Esposa joven o Saras y Kumud), y con un Showmatch que abandonó su segmento de Gran Cuñado prácticamente a mediados de año y con el artilugio de cambios en las reglas de juego pudo "renovarse" para sobrevivir hasta casi fines de diciembre; un Lanata que logró mantenerse vigente a lo largo del 2016 pero sin grandes estridencias, que en un año no eleccionario era lo esperado, y la telenovela Los ricos no piden permiso, basado en el reinado del maniqueísmo propio del género, se sostuvo con muy buenos resultados hasta la última semana del año. 

De la TV Pública agradecemos la renovación de su pantalla, el cuidado por los nuevos contenidos y por el pluralismo que hoy ofrece. 

Los programas de pleitos domésticos inundaron nuevamente las pantallas, los de chefs se volvieron más agresivos y polémicos, los de concursos de talentos pasaron bastante desapercibidos, y perritos saltando pinos de bowling  o anillos desbordando cilindros repletos de agua, superan a concursos de conocimiento y velocidad mental. 

Los programas periodísticos no estuvieron en el estrellato, y sólo Intratables, de América, logró sostenerse gracias a su fórmula original e impecable conducción de Santiago del Moro. En un año en donde Charlotte Caniggia o El Polaco pretendieron protagonismos destacados, las dos divas de la televisión permanecieron files a sus estilos. El 2016 ofreció más panelistas que actores en sus propuestas televisivas. Abundaron los programas corales, con "especialistas" en cada mostrador, intentando comprender la realidad de otros o la del propio país.

Los cinco canales de la pantalla interactuaron con sus páginas webs y con sus redes sociales, los noticieros incorporaron tecnologías en piso, drones en sus transmisiones, los twitts de los espectadores inundaron todos los programas, pero en esta variedad de dinámicas, el encendido de la TV abierta apenas llegó a 20 puntos. Es decir que, del total de hogares que mide IBOPE para el rating, sólo el 20% miró televisión en su televisor. El resto de la audiencia, seguro que consumió contenidos televisivos pero lo hizo a través de múltiples y diversas plataformas. 

Hoy es cada vez más tema de conversación una serie de Netflix o el último episodio de The Walking Dead que la noticia más estruendosa que pudo contar un noticiero vespertino. La televisión sigue siendo un fuerte referente en nuestro país, que sigue siendo muy importante en el desarrollo de la TV por cable (concentra casi la mitad de la audiencia de televisión paga en Latinoamérica), los argentinos dedican el 45% del tiempo destinado a la TV para ver contenidos por cable. Argentina sigue siendo uno de los países a nivel mundial en materia de exportación de formatos televisivos con más horas vendidas al exterior, vendió a Netflix su primera serie (Estocolmo) y proyectó El marginal, otro gran producto local, en esa plataforma. Los contenidos locales siguen teniendo gran calidad, pero migran a otras plataformas y pantallas.

A lo largo de las notas del año, el Observatorio de la Televisión intenta reflejar estas migraciones y supervivencias, que aún no tienen destino fijo, que están transitándose a medida que se van experimentando y que nos plantean preguntas que seguiremos intentando responder en el futuro.

Lo que sí sabemos es que la televisión siempre será referente para los usuarios, no importa ni la plataforma, ni el horario en que la veamos, lo importante es que la seguimos viendo. Pensar y reflexionar sobre lo que vemos es lo que nos hará espectadores más críticos y responsables, y ese es el verdadero objetivo del Observatorio de la Televisión de la Universidad Austral: estimular y promover una audiencia que tome conciencia del rol que cumple sobre la calidad televisiva nacional. 

Es nuestro compromiso desde hace diez años.


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